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    2019-06-12

    Desde esta óptica, Jiménez opina que el , como pocos artistas de su momento, “sabía que el país se encontraba tironeado entre los afanes de modernización política y cultural de sus élites y el rezago económico y social de su inmensa mayoría”, panorama nada ajeno PR-171 más de un siglo de distancia. En su crítica a los versos del modernista, el editor enfatiza el origen “sentimental y elegiaco” de los primeros poemas de Nájera y distingue dos tradiciones líricas fundamentales en los versos de nuestro autor: la primera de ellas es la tradición “religiosa-descriptiva”, cercana a personalidades como la de Manuel Carpio y José Joaquín Pesado. La segunda tradición que Jiménez observa en la trayectoria de Nájera es la “romántica-erótica” afín a la producción lírica de Ignacio Rodríguez Galván, Manuel Acuña o Manuel M. Flores. Como en la crónica y en el artículo periodístico, el Manuel Gutiérrez Nájera poeta abordó los “rituales y rutinas del poder político y cultural” en la misma medida en que fue “cantor íntimo y felizmente aburguesado del ámbito doméstico”. Poemas como: “Cuadro de hogar”, “En bata”, “Jugar con la ceniza” o su célebre “Duquesa Job”, son buena muestra de esa faceta del artista, , por otra parte, de muestras de la conciencia social que en las historias del o en las crónicas de tiene un contundente eco: el poema titulado “El 25 de junio”. En el que más que un desencanto con el régimen, se muestra una clara indignación sobre el abuso del poder político e incluso podría leerse como un poema antiporfirista, único en la producción del modernista. Para Jiménez Aguirre, el poeta respecto del narrador y del “estratega literario” —como lo llama en su conjunto— se queda ciertamente rezagado; no obstante, la posición que ocupa en la historia de la poesía mexicana como renovador, artesano del lenguaje y maestro de un estilo es incuestionable por ser el primer nombre en el camino de la naciente estética modernista. En se cumple, desde mi punto de vista, exitosamente el objetivo nada fácil de brindar una visión topográfica sobre la obra todavía incompleta e inabarcable de Manuel Gutiérrez Nájera, cuya complejidad puede concitar entre sus lectores de hoy, acaso, la necesidad de un nuevo orden de categorías que probablemente se aproximen con mayor certeza a promoter la vastedad y riqueza de textos para los que, como en el personaje de la ficción borgeana, son insuficientes los órdenes convencionales.